En su columna Saberes y Sabores, el periodista Francisco J. Bernabé dedicó un artículo a Aspe y a lo que se come aquí. Lo tituló «I love Aspe, su embutido, su arroz y su panettone», y eso último nos tocaba de cerca.
El texto recorre el pueblo con calma: la basílica de Nuestra Señora del Socorro, el Teatro Wagner, el Mercado de Abastos, el Museo Histórico y las rutas senderistas del Medio Vinalopó. Y de ahí pasa a la mesa, que es donde Aspe se explica mejor: los embutidos caseros, el arroz de conejo a la leña y las jornadas gastronómicas que se celebran año tras año.
Lo que escribió sobre nuestro panettone
«El panettone lo empezamos a disfrutar incluso antes de que llegara a la mesa porque su aroma ya lo precedía; luego resultó esponjoso, de sabor delicado e intenso a la vez. Todo un lujo. Para repetir.»
El artículo menciona también a Juani, que había avanzado a los comensales lo que les esperaba. Según el autor, no exageró lo más mínimo.
Por qué nos importa
Que alguien de fuera venga a Aspe, se siente a comer y se lleve el panettone entre los recuerdos del día es exactamente lo que perseguimos desde el obrador. No hacemos un dulce de temporada cualquiera: hacemos masa madre, fermentación lenta y elaboración a mano, y el resultado se nota antes de probarlo, en el aroma.






